Lo que nadie dice del Yoga

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asana de Yoga

Escribía Baudrillard que nada (ni siquiera Dios) desaparece hoy por su final o por su muerte. Lo hace más bien por su contaminación, proliferación, saturación. Es decir que nada se extingue ya trágicamente, sólo se repite y repite hasta la extenuación. Hasta que se han agotado las formas de mirarlo y reproducirlo.Y esto lo decía cuando aún no habían proliferado las Redes Sociales.

Me gustó esa idea. Nada se muere hoy. Sólo se agota. Como un niño que descubre que puede hacer reír y repite la mueca hasta la hartura del adulto. Hasta que se agota la novedad. Entonces busca otro gesto, otro guiño parecido que le haga viajar por las mismas sensaciones.

Con el ser humano adulto ocurre algo parecido. Extasiado por la tendencia del momento, se deja seducir por lo que se lleva y lo imita hasta la saciedad. Sucede con cualquier aspecto de su vida. Todo se mueve alrededor de las modas y las tendencias, que antes creaban los medios y hoy dibujan los llamados influencers. Se explotan frases, ideas, personas, palabras, actividades, incluso noticias. Y ello se hace hasta que un día desaparecen sin más, extenuadas, exhaustas, agotadas por el uso.

Por supuesto, también habría de suceder algo parecido con el Yoga, que es el tema que nos ocupa. Una industria que mueve millones y millones de dólares al año (unos 12 mil millones sólo en Estados Unidos), tenía que sufrir esta proliferación y saturación.

Swami Janakananda en un artículo decía que cada cultura, antes o después, termina por desintegrarse. Pero “nuestra civilización corre el riesgo de destruirse a sí misma antes de tiempo”. El swami asociaba esta sociedad a términos muy reconocibles por todos nosotros: la inquietud, el estrés, la superficialidad y, sobre todo, “la búsqueda de métodos hábiles y simplificados que dominan el espíritu hoy en día”. Y eso, decía, no es precisamente lo que busca el Yoga.

En una Filosofía milenaria, y en eso coincido con el swami, los atajos no existen. Si un método funciona y resulta eficaz, ¿por qué cambiarlo? ¿por qué esa necesidad de imprimir nuestro sello en todo lo que hacemos, en ser pioneros, en patentar lo que nos hemos limitado a barnizar?

El nuestro, coincidiremos con esto, es un mundo de espejos. Como a Narciso, no nos basta con mirarnos en esa superficie horas y horas hasta la deformación. Aún más allá, hoy el estanque de Narciso es un móvil con un palo que me mira y me retrata ¿para la inmortalidad? Pareciera que nos urge dejar nuestra huella en todas partes. Quizá se esconda en ello un miedo a la muerte. Esto ya es objeto de otro artículo.

Si busco imágenes en Google relacionadas con la palabra Yoga asoman fotografías de mujeres y hombres jóvenes y guapos realizando contorsiones, ataviados con tatuajes y trapos de marca. Llevan la concentración bordada en el rostro y se han fotografiado realizando escorzos, muchas veces en lugares imposibles. Es irónico también que en Yoga se hable de “posturas” o asanas y el “postureo” sea precisamente el deporte nacional de la sociedad moderna.

Las imágenes del famoso buscador de internet sirven para ilustrar la visión que tiene la colectividad acerca de un tema determinado. Así que no digo yo cómo es el Yoga para el mundo, lo dice Google. Haz la prueba. ¿Y qué tiene que ver esta sucesión de selfies con el Yoga? La verdad es que no lo sé. Hay tantas máscaras, tantas definiciones, tantos estilos que abruman a cualquiera.

No vengo a criticar a nadie sólo describo lo que veo. Lo único que sé es que, durante mucho tiempo, lejos de ser considerada la joya del hinduismo, precisamente la asana yóguica, la postura, era despreciada por los intelectuales y reformadores hindúes. Creían que aquel despliegue físico era propio de faquires, hechiceros y yoguis, que no buscaban conocerse a sí mismos sino desarrollar siddhis o poderes.

Yoga de gimnasio

También se dice que el nacionalista indio, en un intento de fortalecer la imagen que se tenía de su ciudadano en el exterior, impulsó los gimnasios y akharas, durante los siglos XIX y XX. Allí el Hatha Yoga se impregnó de elementos del culturismo y de la gimnasia occidental, sobre todo de la escandinava. Y ése es el origen de ese Yoga que vemos en todas partes y que llevaron a Estados Unidos profesores como Iyengar, Pattabhi Jois, Sivananda o Bikram Choudhury.

Alguien decía al respecto que “el yoga es para Estados Unidos lo que Mc Donald´s es para la India. Ambos son implantes extraños que se han vuelto nativos”.

El Yoga es una filosofía de vida arraigada en el corazón del hombre. Es un antiquísimo modo de mirar la condición humana cuya esencia subsiste porque es auténtica. La permanencia es la única vara de medir que nos deja esta costumbre tan arraigada hoy de usar y tirar. La pervivencia es lo que separará el grano de la paja. Aunque en el siglo XXI la propia posteridad se haya agotado también de tanto uso.

Para ser justos he decir que en el yoga sí que colocamos un espejo. Es cierto, pero éste se sitúa estratégicamente en el interior de cada uno. Allí uno mira lo que es, no lo que quisiera ser o lo que proyecta ser. Es el desarrollo de la mirada interior. Y eso se consigue dentro y fuera de las paredes de una sala de Yoga. Es una forma de vida, de respirar, de comer, de mirar, de amar.

Origen

Se dice que esta disciplina de ejercicios y posturas que hoy practicamos en todo el mundo tiene miles de años. No es cierto. El verdadero Yoga sí que tiene esa antigüedad.

Se descubrieron grabados en el Valle del Indo que han datado entre los años 2600 y 1900 AC, en los que hay figuras sentadas practicando meditación. O parece que practican meditación. No realizaban escorzos, más que los necesarios para encontrar la postura de loto (sentada con las piernas cruzadas y los pies sobre los muslos) o medio loto. Si es que en realidad representaban eso.

En un estudio que publicó el Yoga Journal, conjuntamente con el Yoga Alliance, se estimó que el número de practicantes de cualquier clase de Yoga en Estados Unidos pasó de 20,4 millones en 2012 a 36 millones, cuatro años más tarde. Se decía que el 28% de los americanos había asistido alguna vez a una clase de Yoga en algún momento de su vida.

Son cifras que reflejan la trascendencia del Yoga en la sociedad occidental moderna. Una práctica que se inventa y se reinventa una y otra vez.

Existe el Hatha Yoga, el Ashtanga Yoga, el Yin Yoga, Sivananda, el Bikram Yoga, el Anusara Yoga, el Yoga de Iyengar, el Yoga de Kashmir, el Acroyoga, el Sahaja Yoga, el Kripalu Yoga, el Power Yoga, el Jivamukti Yoga, el Kundalini Yoga, que es el que menos se parece de todos los yogas mencionados anteriormente y hay muchos más que ahora no recuerdo.

Hoy suena con fuerza en Estados Unidos algo que llaman Yoga off the mat o, literalmente, yoga más allá de la esterilla. Alguien se ha dado cuenta de que, en general, algo le falta a ese Yoga de las posturas. Se pretende exportar algo de la filosofía milenaria más allá de las salas de yoga y los gimnasios y llevarlo a la vida diaria. ¿Será una nueva tendencia, o quizá una nueva moda?

Conclusión

Hoy suena irónico aquella frase del pionero del Hatha Yoga, Svatmarama: “el yogui que desee el éxito debe mantener el Hatha Yoga en riguroso secreto, pues sólo así es efectivo. Cuando se divulga indiscriminadamente pierde todo su poder”. Ahora podemos entender por qué lo dijo, ¿o no?

  • Pashupati Seal es, según Marcel Eliade era “la representación plástica más antigua de un yogui”. La primera vez que aparece la palabra Yoga fue en el Katha Upanishad (3000 AC) y no se mencionaba a las posturas físicas.
  • Hay autores que consideran que las prácticas de muchas escuelas modernas no están directamente basadas en la tradición del Yoga. De hecho, ninguno de los textos importantes (Yoga Sutras de Patanjali, los Upanishad o los textos épicos) hacen hincapié en las asanas.
  • Algo parecido ocurre con el primer manual sobre Hatha Yoga que se conoce, el Haha Yoga Pradipika, escrito por el yogui Svatmarama, a mediados del siglo XIV DC. En él se muestran 16 asanas. La mayoría son variaciones de la postura sentada con las piernas cruzadas. El objetivo de todas las prácticas era y es lograr el Samadhi o unidad de la mente. Por no decir que a finales del siglo XIX, Vivekananda, en la primera clase de Yoga que se ha dado en Occidente, no enseñó una sola postura.

6 Comentarios

  1. David Delgado says:

    Excelente tu artículo sobre el Yoga, por fin alguien pone los puntos sobre las íes, y es que la mercantilización acaba por arrancar de cuajo el sentido de cuanto hacemos para resumirlo a una cifra de negocio, cuantas disciplinas de este tipo se han visto afectadas por este mal.

    1. beatrizp says:

      Gracias David. Es verdad lo que dices. Lo curioso es que mi pretensión inicial no era esta, pero al investigar un poco me dí cuenta de todo lo que hay detrás y no tuve más remedio que contarlo (Y eso que estoy haciendo la formación para ser profesor de kundalini yoga) ….. En fin, gracias otra vez por tu aportación. Un abrazo

  2. Ana Estévez says:

    Un artículo muy interesante, no se podría explicar de mejor manera, esta nueva corriente de yoga que surge por todas partes. Gracias Beatriz.

    1. beatrizp says:

      Gracias por tu aporte, Ana. Quería hacer al principio un artículo sobre las distintas clases de yoga pero, al profundizar, me dí cuenta de otros aspectos más interesantes y desconocidos para la gran mayoría (incluida yo misma). Yo estoy haciendo la formación de Kundalini Yoga y me gusta muchísimo. Pero quizás este Yoga precisamente es una rara avis en el mundo del Yoga que describo.
      Un abrazo

  3. Pilar says:

    Gracias por tu mirada descriptiva sobre el mundo del yoga.
    Actualmente cuando dices que practicas yoga, parece que seas contorsionista.
    Yoga es unión, unión y equilibrio entre tus cuerpos.
    Unión con tu esencia para poder entrar en comunión con el mundo real, trascender los retos cotidianos, disfrutarlo y seguir avanzando.
    De lo individual a lo universal, pasando por lo colectivo.
    Las posturas son una geometria sagrada que facilitan que se equilibren organos internos, nadis y sistemas fisiológicos.
    Son un medio para llegar a un fin. No son un fin en sí mismo.
    Sólo aproximarte y dar la señal a tu cuerpo físico de la dirección, activa todo el sistema.
    ¡Es verdad que kundalini puede ser una rara avis! Es el yoga de la conciencia y del sostenedor del hogar.
    Es cierto que vivimos una época de consumismo generalizado.
    Nos desbordan tecnicas y herramientas para alcanzar el bienestar. Se persigue estar contento todo el rato en lugar de ser feliz.
    Puedo ser y estar feliz. Pero contento, sólo se está, no se “es contento”.
    Parece que si la fiebre consumista ha llegado a este sector…es que las personas estamos buscando encontrarnos mejor y reconectar con nuestra verdadera identidad.
    La sociedad pide a gritos volver al Hogar.
    La sociedad necesita UNIÓN.
    Este viaje es un camino hacia el interior, un trayecto personal e intransferible.
    El postureo de posturas, no se si es mapa que nos lleva de vuelta a casa…
    Gracias Bea por tu articulo y por tu blog!

    1. beatrizp says:

      Gracias a ti , Pilar, por tomarte el tiempo de escribir estas líneas. Muy interesante también tu aporte. Se nota que conoces íntimamente el mundo del Yoga.
      Un abrazo

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